La atleta estadounidense que comenzó a entrenarse a escondidas por ser mujer logró ser la primera campeona olímpica de maratón de la historia 

De no haber sufrido a los 15 años una fractura de pierna mientras esquiaba, quizás el mundo no conocería el talento de Joan Benoit. Pero resultó que como método de rehabilitación comenzó a correr y ese espacio de expresión deportiva se convirtió en un camino sin retorno. Era 1972 en Estados Unidos y no estaba bien visto que las mujeres salieran a trotar, de modo que sus primeras corridas fueron a escondidas. Hasta que, en uno de sus recorridos, se cruzó con un compañero de clase haciendo su propio entrenamiento y juzgó que no tenía por qué seguir escapándose a la mirada ajena. Allí, Joan tuvo su primera muestra de firmeza y convicción.

Fanática genuina, desarrolló un entrenamiento que consistía en unos esforzados 320 kilómetros semanales. Y aunque le valieron algunas lesiones, también comenzaron a traducirse en grandes victorias. La primera fue en el maratón de Boston de 1979, donde se presentó como una auténtica desconocida y terminó ganando en tiempo récord. En 1982 ganó el maratón de Eugene, en California, con el mejor tiempo del mundo de ese año, y al siguiente redobló la apuesta de Boston, consiguiendo batir en tres minutos el récord mundial de la prueba, alcanzado precisamente el día anterior.

Pero 1984 era el año en que dejaría su sello. Hasta entonces, el maratón femenino no formaba parte del programa de los Juegos Olímpicos. Eran épocas en las que se creía que el cuerpo de las mujeres no resistía esfuerzos prolongados, por lo que la máxima distancia eran los 3000 metros. Por eso, cuando finalmente se aprobó la inclusión del maratón, Joan no lo dudó: correría el maratón. Pero 17 días antes de los primeros trials (campeonatos donde Estados Unidos define sus equipos de atletismo) debió ser operada en uno de sus meniscos. Decidió hacerlo mediante una artroscopía, una técnica revolucionaria en aquel momento, cuando lo normal era la cirugía invasiva de larga recuperación. Y así, descansando, nadando, andando en bicicleta y corriendo sólo tres días antes de la prueba, se presentó y clasificó. Algunas semanas después estaría en Los Angeles, en un día de gran calor y humedad, batiendo el máximo récord de un modo insólito: corriendo desde el inicio casi en solitario, con enorme diferencia de distancia con las otras competidoras, a un ritmo que pocos creían que podría mantener. Pero su tesón lo logró una vez más, y se hizo acreedora de la medalla de oro en tiempo récord 2h24m52s), pasando a la historia como la primera mujer en ganar un maratón olímpico. Su marca no sería batida hasta 16 años después, en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.

Al año siguiente ganó también el maratón de Chicago, pero a partir de entonces sus lesiones se fueron interponiendo cada vez más en sus anhelos deportivos (aunque participó de maratones como el de Boston en 1991, el de Columbus en 1992 y de las pruebas de clasificación para los Juegos de Atlanta). Pero finalmente eligió retirarse, aunque es probable que nunca deje de correr de modo amateur. Su tesón y amor por el deporte no se lo permitirían.

JOAN BENOIT SAMUELSON

Norteamericana, nació en 1957 en Cape Elizabeth, Maine. Comenzó a correr como forma de rehabilitación tras una fractura de pierna por un accidente de esquí.

1979

Se presentó en el Maratón de Boston como una auténtica desconocida, pero terminó ganándole a la favorita Patti Lions en tiempo récord (2h35m15s).

1984

Con el Maratón femenino por primera vez como parte de los Juegos Olímpicos, logró la medalla de oro con un récord mundial que no fue superado hasta el 2000.

Por Damián Cáceres.

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