Desciende de un auto, justo en la esquina del Costa Galana, hotel que sobresale entre la inmensa Avenida Peralta Ramos y playa Grande, en Mar del Plata. Cruza la calle con un bolso deportivo y saluda con la naturaleza de siempre. “¿Me esperaron mucho? Tengo un buen rato porque hace mucho que no nos vemos”, advierte Sofía Luna. “Sos la primer invitada para una nueva sección: #EntrevistasSobreRuedas“, es la respuesta inmediata.

Sofía se ríe, siempre se ríe, y agradece un poco sorprendida. “¿A mí? ¡Buenos, gracias! ¡Qué lindo!”. Antes de subirse al Chevrolet Onix, hace una pausa y mira al mar. “Me levanto cada mañana y necesito verlo. Cuando no estoy en Mar del Plata lo extraño mucho. En invierno meto las piernas en el mar por más fría que esté porque siento que tiene una energía superpoderosa”, revela.

El viaje no demora más de 10 minutos hasta la zona del puerto donde vive hace unos meses, tras regresar de un lago viaje por Italia en lo que fue su segunda experiencia en el exterior, pero la charla se extiende por casi una hora. “Las dos veces que fui a Italia no resultó como esperaba porque en una me lesioné y en la otra fui a recuperarme de una fascitis plantar”, dice la marplatense de 24 años. Y añade: “Igualmente me siento plena porque estoy volviendo a correr después de estar siete meses casi parada, algo que agravé porque seguí entrenando y compitiendo. Es difícil cuando vivís de las carreras y tenés que seguir. Además me encanta entrenar y correr… y no podía dejar de hacerlo hasta que mi pie dijo basta”. Pero la lesión no fue el único obstáculo que apareció en el camino de la fondista. Hace unos meses pelea contra una molesta anemia. “Soy muy ansiosa. Me dejó de doler la planta del pie y volví muy rápido. Me recuperé en Italia, volví a la Argentina y empecé a sumar y sumar y llegué de nuevo a los 120km semanales. El tema es que no me cuidé y engordé 7 kilos porque no me alimenté bien. Fue el combo: estoy con anemia y un poco de carga en los peroneos”, explica.

–Hablás de ansiedad y ese puede ser un punto negativo para un atleta. ¿Cómo la trabajás para que no te gane?

–Es cierto. Pero, por suerte, ya pude volver a enfocarme mejor. La idea es recuperarme en Mar del Plata, donde sigo trabajando con Leo [Malgor] y Daniel [Díaz], mientras en Italia sigo con mi manager. Iba a ir a Cachi pero preferimos cuidarnos acá porque allá con la anemia es mucho más duro. Se me está haciendo larga la recuperación, lo sé. Ahora busco controlar la mente y pensar en lo que quiero lograr. Y para eso me va a llevar mucho tiempo y tengo que tener paciencia.

–¿Qué te falta, además de recuperarte físicamente, para poder estar plena?

–Primero, me falta poder correr normalmente. Siento que soy una persona muy feliz y agradecida porque vengo de una familia muy humilde y siempre me costó todo. Ahora miro mi vida y tengo muchos ejemplos que me hacen valorar lo que me gusta, hago lo que me gusta. Entonces, lo único que me falta es correr al nivel que deseo. Me gusta el maratón, lo saben todos. Por eso, este año la idea es intentar debutar en la distancia en los próximos seis meses. Igual, no me apuro. Lo importante es recuperarme para volver a correr con la confianza de siempre. Con eso y con constancia, las cosas vienen solas.

–¿Te ves haciendo otra cosa que no sea correr?

–No, en absoluto. De hecho, este verano trabajé mucho como modelo entre comillas. Como no podía competir, me enfoqué en otra cosa. Está bueno el ambiente pero no es lo que quiero para mi vida. Trabajé con marcas súper reconocidas de Argentina. Es como hobby, no me desagrada pero siento que no es lo mío. No le tengo miedo al ridículo y me vino muy bien económicamente. Si pudiera hacer en paralelo las dos cosas, me animaría. Pero quiero poner todas mi energías en correr porque mi sueño es estar en un Juego Olímpico. Eso es todo lo que anhelo.

–¿Naciste para correr?

–Sí, nací para correr y sufrir. Una vez leí algo de Frida Kahlo que decía que había nacido para sufrir y a mí me gusta sufrir en cierto punto. Y encima me pasan las lesiones, entonces siento que nací para sufrir. Para sufrir y para correr.

–¿Cómo manejás el reconocimiento con apenas 24 años?

–Es raro, pero es súper lindo. La gente me conoce cuando voy corriendo y me grita Sofilu, como me puse en mi Instagram. Cerré Facebook porque creo que es para viejos. El otro día fui a cargar nafta y la chica que me atendió me contó que tenía un Instagram de tortas, nada que ver con el atletismo, pero me comentó que le encantaba lo que hacía y eso es re lindo porque llegás a muchas personas, no solamente a las que corren. Y, por ejemplo, gracias al Instagram llegaron las marcas y algunas publicidades más allá del deporte.

–El atletismo es un deporte en el que prima lo individual, ¿se puede tener amigos?

–Mi amigos, por lo general, son hombres porque no son celosos, te dicen las cosas como son. Pero acá tengo a las melli Borelli que son como mis hermanas, las admiro porque tienen personalidades completamente diferentes más allá del éxito deportivo. Siempre salieron adelante, son muy valientes. Flor es una madraza que me sorprendió porque era una loca como yo, juntas éramos dinamita y, de repente, se casó con Facu, fue mamá de Milo. Y como corredora es la mejor de nuestra generación. Y Mari es una luchadora terrible que no se entrega nunca.

–¿A qué te remite la palabra felicidad?

–La felicidad está vinculada con el éxito. No tiene que ser competitivo ni estar vinculado con el deporte. Me considero una persona exitosa porque soy feliz, porque todos los días me levanto y hago lo que me gusta. Ser feliz es vivir y hacer lo que uno quiere.

–Alguna vez contaste que no vas al psicólogo pero que volcás las cosas que te pasan con personas de mucha confianza…

–Sí, es cierto. Mi psicólogo siempre fue Cristian Rosso (remero, salió 4° en los Juegos Olímpicos de Londres 2012). Es un genio, es mi ídolo desde chiquita. Es una persona que adoro. Creo que nunca necesité por él porque fue mi compañero durante mucho tiempo y creo que su forma de pensar me ayudó mucho. Más allá de que fue mi novio durante seis años y convivimos, tiene una manera de pensar increíble. Lo sigo admirando, más allá de ser pareja o no. Es luchador, olímpico y tiene todo muy claro. Creo que su manera de manejarse es para imitarlo porque sabe lo que quiere y pone toda su energía en eso.

Por Damián Cáceres.

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