Cuando corre, el ser humano activa el 70% de los músculos. Correr de manera moderada le aporta múltiples beneficios, pero antes de animarse debe saber las recomendaciones y contraindicaciones de este deporte.

El ritmo cardíaco sube a más del 60% o 70% del máximo, para poder enviar oxígeno a todo el cuerpo. Por su parte, la musculatura emite sustancias químicas que luego servirán para su posterior desarrollo, así como también para la metabolización de las grasas.

El corazón, en un ejercicio pleno como el running, trabaja a un alto rendimiento y, por ello, es capaz de aumentar el volumen sistólico de los 6 litros en reposo hasta los 17. Los pulmones, junto con el corazón, son los órganos más exigidos, ya que pueden llegar a mover hasta un 40% más de oxígeno que cuando se está en reposo. Asimismo, a nivel celular, el oxígeno consumido comienza a convertirse en desechos en forma de dióxido de carbono, mientras que el glucógeno muscular que se gasta se convierte en ácido láctico que es uno de los máximos responsables de la sensación de fatiga muscular. También se empieza a sudar como mecanismo de protección del cuerpo para evitar que suba demasiado la temperatura corporal que comprometería la estabilidad.

En cuanto al cerebro, comienza a liberar las famosas endorfinas: neurotransmisores responsables no sólo de la futura sensación de bienestar que le genera al cuerpo al finalizar cada entrenamiento (la llamada euforia del corredor).

Beneficios:

Entre las bondades de correr, aparece una clave: se le “inyecta” energía al cuerpo para el funcionamiento óptimo de sus órganos, además de hacer trabajar más de 200 músculos del mismo. Los músculos emiten sustancias que contribuyen al mismo desarrollo muscular y al metabolismo de las grasas. Además, le aporta elasticidad a los vasos sanguíneos y ayuda a evitar los temidos infartos cerebrales y cardíacos, dos de las causas específicas que colocan a los problemas cardiovasculares.

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