Otra vez. Una vez más la inseguridad volvió a golpear. Otra vez le ocurrió a Martín Sharples, atleta con discapacidad. Otra vez su silla de ruedas de competición fue robada. Casi como un calco al hecho delictivo del 17 de septiembre pasado. Y otra vez no pasará inadvertido. Martín Sharples, el atleta que orgullosamente se define como militante, corrió anoche 16km en el Rosedal de Palermo en compañía de su amigo Jorge Del Viso, quien lo acompañó 10 vueltas alrededor del lago. Luego tomaron unos mates y conversaron con más amigos hasta alrededor de las 21. Volvió a su casa y esta mañana se encontró con su camioneta abierta y sin su silla de ruedas de competición. “Estoy indignado. ¡A vos te parece que es casual!”, contó a RunFun Sharples. Y siguió: “¡No, no es casual! Ya no tengo dudas que esto tiene que ver con mi forma de encarar la vida porque el fin de semana pasado corrí los dos días. Y el domingo en la Carrera de Miguel usé una remera en la que pedía por Santiago Maldonado y en el escenario al subir a recibir mi premio hice uso del micrófono y, obviamente, no me callé”. La voz entrecortada de Martín no deja evidencias. La tristeza recorre su ser, un espíritu frontal y lleno de emociones, que dice lo que siente y piensa lo que dice. Ese es Martín. Más allá de sus conjeturas, el atleta ya radicó la denuncia en la Comuna 15 y espera que el reclamo público que también realizó en sus redes sociales le devuelva su herramienta para hacer su actividad deportiva.


“Tengo mucha bronca, frustración y tristeza. Me siento desprotegido. Cuando volvía a casa había un patrullero y un rato antes le habían robado a una vecina el celular. Esto no me gusta nada pero no puedo callarme”, cuenta. “La silla es para uso deportivo. Con ella intervengo en las carreras de calle cuando no decido hacerlo corriendo con mi prótesis. Está homologada y sin ella no puedo participar”, precisa el atleta que en 1993 (24 de abril), tras un serio accidente mientras conducía su moto derivó en la amputación de su pierna izquierda.

Foto de Carlos Sarraf, gentileza de Enganche

Desde ahí, Martín no se quedó detenido. Al contrario, se recuperó y se convirtió en un protagonista. O mejor dicho, siguió siendo el protagonista de su vida. Por decisión propia, se reconvirtió y encontró en el atletismo una forma para canalizar sus emociones. Si bien nunca abandonó el rugby, el deporte que lo formó en el club Porteño, Martín empezó a correr. Su primera carrera de calle fue en 1995 cuando participó con una prótesis no apta para correr que, con los años, cambió por una de alto rendimiento. “Eso me permitió correr de una forma más adecuada y poder competir en todas las distancias hasta participar de una maratón de 42 km”, describe. Las dificultades que se le presentaron no fueron pocas. Por el contrario, un cuestionamiento detrás del otro quería impedirle competir ya que no había ninguna categoría dentro del atletismo que contemplara su lesión. Había pruebas para corredores en silla de ruedas, para corredores no videntes y para corredores con dos piernas, pero no para uno con una prótesis. Por eso, en 2003 empezó a correr con silla de ruedas. Hasta ayer, que se la volvieron a robar. A veces, las casualidades no existen.

Por Damián Cáceres.

 

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