La cara de niña no cambia. Todavía tiene un rostro casi angelical. Un rostro que, es verdad, se transforma cada vez que compite en el de una mujer decidida y tenaz. Como en los Juegos Olímpicos de Río 2016, en Mundial de Londres 2017 o en una simple carrera de calle. A Belén Casetta no le importa dónde esté. Ella, muy fiel a sí misma, se hace escuchar. Desde chica, como cuando corrió su primera carrera y días antes se estuvo entrenando en la plaza del barrio junto Edgardo, su papá. Desde aquel día iniciático en la mini maratón Apand pasaron más de 10 años y Belén no paró más de correr.

“El atletismo es una pasión, es donde me descargo, donde disfruto y lo vivo cada día porque estoy entrenando de lunes a domingo. Es algo que realmente necesito. Es una necesidad salir a correr, salir a entrenar”, dice tras correr en la pista de atletismo del Justo Román. “Cada vez son más y más las personas que corren. Y eso está buenísimo. ¡Me encanta! Porque si bien yo lo hago de manera profesional, el que corre me entiende, empatizar conmigo desde una proximidad que, muchas veces, les permite comprender por lo que uno pasa”, añade. Y tiene razón. Puede ser la pista o la costanera marplatense con su Boulevard Marítimo Patricio Peralta Ramos que a toda hora es un ir y venir de corredores. Sobre todo amateurs, de los miles que se cruzan día a día con Belén.

–¿Cómo hacés para no perder la motivación?

–Para no perder la motivación estoy todo el tiempo pensando y motivándome a mí misma. Es ahí donde mi cabeza cumple un papel fundamental en alentarme, en decirme cada mañana cuando me levanto, que a veces me duelen los músculos o me siento cansada y mi cabeza me dice “dale, vamos por más, vamos por este entrenamiento” porque estamos cada vez más cerca del objetivo que queremos cumplir. Es la cabeza la que me ayuda constantemente para no perder esa motivación. También me automotivo o me autoaliento a mí misma.

–¿Te sentís responsable del mensaje que le das a la gente que te sigue?

–Me siento responsable en muchos mensajes que doy como, por ejemplo, al momento de entrenar. O cuando se busca un objetivo y siempre me digo y le digo a la gente que traten de visualizarlo o de ponerse metas que se pueden alcanzar. No hay que desviarse del camino por más que se presenten diversos obstáculos. Como en la vida, hay que pasarlos y no dejarlos ahí enfrente y buscar otro camino. También en la forma de alimentación porque muchos piensan que mi dieta es súper estricta. Y no, no es así. Me doy mis permitidos o, incluso, a veces salgo y tomo algo con mis amigas. Trato de mostrar que se puede conseguir una marca.

Por momentos, la voz de Belén se torna más firme. Sus palabras brotan como una catarata de sonidos perfectos para enunciar con claridad el mensaje que quiere dar. No duda cuando debe hacer una pausa o, incluso, cuando se permite resoplar. Sabe que es una referente ineludible en el mundo del deporte. Aunque, en realidad, todavía le provoca cierta vergüenza y le llama la atención cuando alguien le pide una foto, una selfie. Pero ella, amable y respetuosa, agradece cada solicitud con una sonrisa. “Las mujeres –afirma convencida– hoy en día están ocupando un lugar muy importante. Cada vez son más las mujeres que están haciendo deporte y se están animando a hacer diferentes tipos de actividades. Anteriormente muchas mujeres no se animaban, tal vez, por una cuestión estética”.

Este cambio cultural y social, acaso producto de una sociedad más madura, que se gestó en los últimos años y Belén es una de las atletas que desde el deporte logró potenciar a las mujeres que antes no se animaban porque “importaba mucho el físico y si tenías músculos –sostiene– te parecías a un hombre o pavadas así. Cada vez más mujeres se animan a correr maratón o a jugar al fútbol que siempre fue un deporte en el que se la daba más hincapié al hombre. Todavía falta mucho para que se dé una igualdad definitiva y necesaria”. Para Belén, semejante modificación tuvo un claro correlato en el deporte sin importar si se es de elite o amateur. “Se trata de que una se haga escuchar y haga lo que le de placer. Hacerte escuchar es demostrar que realmente puedo y quiero hacer algo sin importarme lo que digan. En mi caso, me demuestro primero a mí misma que puedo. Y luego a quienes alguna vez me dijeron que no iba a poder llegar a un objetivo. Puedo si lo deseo y si hago las cosas bien para lograrlo, ese sueño es aún más posible”.

–¿Qué creés que cambió para que se de este cambio?

Lo que realmente cambió es la mentalidad de la mujer a la hora de enfrentar y de animarse a dar ese paso. Últimamente, uno es más decisivo y hace lo que quiere sin importarle el que dirán. Es cuestión de hacerlo porque a uno le gusta, le apasiona y quiere hacerlo, no porque los otros te vayan a cuestionar.

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