Dorando Pietri nació el 16 de octubre de 1885 en Correggio, Italia, un pequeño municipio al norte de la “bota”. Pero la gran parte de su infancia la pasó en Capri, una isla de la Bahía de Nápoles, en la otra punta del país, hoy en día es un paraíso. Durante su adolescencia fue ayudante en una panadería y ahí fue cuando se enamoró del atletismo. En una de sus entregas vio entrenar a Pericle Pagliani, un reconocido atleta italiano de principios del Siglo XX.

Tras ese fortuito encuentro, Pietri corrió la primera carrera de su vida, unos días más tarde en Bologna. El recorrido era de tres kilómetros, parece poco, pero era su debut y su preparación no era del todo adecuada. Pero nada de esto le importó, terminó en un sorprendente segundo puesto, su destino estaba escrito, había nacido para correr.

Su crecimiento a pasos agigantados lo llevó a los Juegos Intercalados de 1906, he aquí un paréntesis. ¿Qué era esta competencia? Fue un evento que se llevó a cabo en Atenas, cuna del olimpismo, y su principal fin era hacer una especie de Juegos Olímpicos en tierras helenas en medio de la Olimpiada (período entre un Juego Olímpico y otro). Pero no prosperaron mucho, es más, la edición de 1906 fue la única que se realizó, debido a los altos costos que demandaba. De vuelta a Pietri, el italiano participó de esta competencia y era uno de los grandes candidatos italianos para la maratón. Lideraba tranquilo la prueba, pero un dolor estomacal lo dejó de cama y lo hizo abandonar. Dorando perdía su primera dorada por algo externo a la competencia.

 

Se entrenó como nunca para Londres 1908 y llegaba como la gran esperanza italiana. El recorrido de la prueba madre por primera vez sería de 42 kilómetros 195, a pedido de la pareja real se agregaron esos 2 k y un poquito más. 71 atletas participaron de la maratón. Al principio de la carrera cuatro competidores ya se habían cortado del resto, los británicos Thomas Jack y Frederick Lord, el sudafricano Charles Hefferson y el protagonista de esta historia, Dorando Pietri. A la altura del kilómetro 38, el italiano y Hefferson venían cabeza a cabeza, hasta que el oriundo de Sudáfrica aceptó una copita de vino espumante desde el público y perdió terreno. A Pietri le quedaban 4000 metros solo hasta la meta. Pero el calor y la deshidratación comenzaban a hacer mella en los maratonistas.

Dorando fue el primero en ingresar al Estadio White City, los 100.000 espectadores presentes explotaron en una ovación al verlo, pero el tano de apenas 1,60 metros de estatura no podía más. Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, estaba como periodista y dio detalle de la llegada de Pietri: “Por fin llegó. ¡Pero qué diferente del exultante vencedor que esperábamos! De la oscura arcada se tambaleó un hombrecillo, con calzoncillos rojos, una criatura diminuta que parecía un niño. Se tambaleó al entrar y se enfrentó al rugido. Luego, débilmente, giró a la izquierda y trotó cansado alrededor de la pista, rodeado de amigos y animadores”.

Tan extenuado estaba que hasta se desorientó, en lugar de correr hacía la llegada comenzó a ir en el sentido contrario y en una escena de dibujos animados todos los presentes debieron señalarle el camino correcto. Se repuso y fue hacía la meta, pero cayó tres veces. Así y todo, cruzó la línea primero, con un tiempo de 2h54m46s, sacándole 32 segundos a su perseguidor, el estadounidense Johnny Hayes. Pero existía un pequeño gran problema, entre todo el tumulto y la desesperación por mostrarle al italiano el camino correcto, algunos presentes lo acompañaron empujándolo para cruzar la meta, recibiendo ayuda externa. Otro detalle, es que Pietri quedó hospitalizado varios días luego de la carrera, a causa del cansancio.

 

La organización tomó nota de esto y le sacó la medalla, tanto nadar para morir en la orilla. Pero no todas eran malas noticias, se había ganado un enorme respeto y Conan Doyle abrió una suscripción para él en el diario Daily Mail y se legaron a recolectar 300 libras esterlinas, un dineral en Italia. Dicho dinero lo usó para inaugurar una panadería en su país natal. También, cuando se repuso de su hospitalización, fue visitado por la Reina Alejandra, quien le regaló una copa dorada a modo de agradecimiento.

 

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