¿Sos de los runners que llevan a la esquina y vuelven para que el GPS marque 10K exactos? Ese tesón se puede trasladar a una semana, llegar a un objetivo mensual y hasta un número mágico como cierre de año.

En tiempos de dispositivos, apps y trackeo, cada vez son menos los corredores que se guían por un cronómetro básico y sensaciones. Sería muy curioso ver desde un satélite en tiempo real los millones de runners que a diario terminan de dar media vuelta a la manzana para completar los 10K que marca su GPS o sumar una salida, o hacer unos kilómetros extra en la semana para llegar a su meta de volumen deseado.

La obsesión por los números redondos es muy parecida al TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) que muchos tienen por poner el despertador en números pares o que el volumen del televisor esté siempre en impar, o viceversa. Dos kilómetros en un año o 140 metros en un entreno diario no hace mejores a los atletas (pero los deja dormir tranquilos por las noches).

En ese sentido, Mariano Leguiza hizo su primer registro el 6 de mayo de 2007. “Ese día corrí los 10K de Accenture (hice 50’20”) y se me ocurrió que podía resultar útil anotar los tiempos para ir evaluando mi evolución y para estimar el desgaste de las zapatillas. Fiel a mi profesión, lo hice en una planilla de cálculos que todavía completo, aun cuando hoy en día la tecnología hace el trackeo de actividad en forma automática. Se ve que me gusta lo artesanal”, recuerda el contador que actualmente hace su seguimiento con dos planillas de cálculo, Garmin Connect, Sporttrack y Strava para la carga de datos.

El fondista de 47 años, con el paso de las temporadas, se convirtió en un analítico de sus entrenamientos. “Entre ciclos anuales siempre comparo la cantidad de kilómetros, cantidad de salidas, horas entrenadas, descansos programados, descansos no programados, peso en competencia”, señala “Legui”, que en 2021 corrió tres maratones (La Pampa, Rosario y Buenos Aires).

 

“Desde 2013 mantengo un piso de 4000 km anuales, ese siempre fue el objetivo, terminar el año entre 4500/4600 km”, detalla. “Durante 2021 tuve una continuidad que no tuve otros años, y ya en noviembre había llegado al objetivo anual, ahí vi que llegar a 5.000 km era posible, pero hice cuentas e implicaba mucho esfuerzo durante meses sin competencia y con clima hostil, con lo cual dejé de lado la empresa; hasta hace 10 días, cuando mirando los totales caí en que metiendo dos semanas cargadas podía llegar, así que me jugué a hacerlo”, agrega el maratonista que se quedó –estando inscripto- sin correr Tokyo, Londres y Comrades debido a la pandemia por Covid-19.

Acostumbrado a correr un solo turno por día, viendo el objetivo de los 5 mil km tan cerca tomó una decisión alcanzable para su nivel pero exigente para el cierre de 2021. “Las últimas dos semanas agregué un par de km los días de entreno suave sin resignar los entrenamientos de calidad que tenía programados. La idea era sumar pero sin perder forma”, comenta el runner que posee un PB en maratón de 2:49:37. “Esta última semana tuve que doblar dos días y hacer un fondo XL para poder llegar con el número mágico al 31/12, metí 90 km en tres días”, añade el atleta que a dos días de la fecha límite está a solo 38 km del número redondo.

 

Para Mariano hay una gran diferencia entre completar 4999 y 5001 km. “Aunque sean solo 2 kms, hay un abismo entre hacer 4999 y 5001. Es el mismo abismo que hay entre correr 10K en 39’59” o 40’00, o correr maratón en 2:59:59 y 3:00:01 (y esto último te lo dice alguien que una vez corrió en 3:00:10 y que lloró por esos 11” perdidos)”, enfatiza convencido. “Soy contador público; registro absolutamente todo, pero debo reconocer que nada con tanta obsesión como los números de mis entrenamientos. Solo un corredor puede entenderlo”.

Dos días restan para cerrar 2021 y Leguiza bien lo sabe. Su objetivo para 2022 es el mismo que el de todos los años: correr 2 o 3 maratones por debajo de las 3 horas, terminar el año arriba de 4000 kilómetros y no lesionarse.

¿Hasta dónde llega tu obsesión por las métricas y los números redondos?

Por Juan Pablo Calviño D’Ambra

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